Spis treści

P. Egidio Driedonkx, SCJ


EL PADRE DEHON

Y LA RECONCILIACIÓN

Commissione Generale pro Beatificazione di p. Dehon
Curia Generale SCJ
Roma - 2004

EL PADRE DEHON Y LA RECONCILIACIÓN

Introducción

Este pequeño estudio sobre el P. Dehon quiere analizar una de sus grandes características: su espíritu de reconciliación.
Vamos a tratar este tema:
-    en sus escritos espirituales,
-    en sus obras sociales,
-    en su trabajo pastoral,
-    y tanto en su vida privada como en la de Superior General de su Congregación.
Queremos descubrir en todo esto como su vida fue una continua manifestación del amor misericordioso del Corazón de Jesús, el gran Reconciliador del mismo Padre Dios que vino a nuestro mundo.

 

1. En sus escritos espirituales

La reconciliación y el perdón, frutos del amor misericordioso del Corazón de Jesús

Es difícil encontrar en las obras espirituales del P. Dehon la palabra „reconciliación”, o „reconciliar” en cuanto se refiere a la obra de salvación de Cristo, Normalmente usa otras palabras como „se cargó con nuestros pecados”, „nos lavó en su sangre”, „dio, o entregó su vida por nosotros”, „nos salvó”, „nos redimió”, „nos rescató, „expió nuestros pecados”.
Pero en su libro „El Año con el Sagrado Corazón”, en el tercer punto de la meditación del 4 de septiembre, que trata de la institución del sacramento de la penitencia, leemos:
„El ministerio de la reconciliación -
San Pablo calificó bien el ministerio apostólico y sacerdotal, es el ministerio de la reconciliación: „Cristo, dice, en sustancia, ha reconciliado el mundo con su Padre por el sacrificio de su vida, pero para aplicar los frutos de este sacrificio nos ha confiado la palabra de la reconciliación”.
Esta palabra los apóstoles y los sacerdotes la pronuncian, sea predicando Cristo y la penitencia, sea administrando los sacramentos, particularmente el bautismo y la penitencia (2 Cor. 5,17).
Escuchen al apóstol: „Desde el momento que uno pertenece a Cristo, llega a ser una nueva criatura: el pasado no existe más, todo está renovado. Ahora bien, todo esto viene de Dios, que ha reconciliado a los hombres consigo en Jesucristo, no imputando más sus pecados, y es en nosotros que ha puesto la palabra de la reconciliación (OSP IV, 222)”.
Llama la atención que para San Pablo todo el apostolado sacerdotal es ministerio de reconciliación.
El capítulo o la meditación número 25 del libro del P. Dehon „El Mes del Sagrado Corazón” tiene otras citaciones sobre la reconciliación. Ya el mismo título de la meditación dice: „Corazón de Jesús, nuestra paz y nuestra reconciliación, ten piedad de nosotros”.
La meditación comienza con las palabras: „Desde el primer instante de la encarnación, el Corazón de Jesús ofreció para los pecadores las gotas de sangre que acababa de recibir del Corazón Inmaculado de su Madre. Desde entonces el Corazón de Jesús comienza a ser víctima de paz y de reconciliación por nuestros pecados”.
La reconciliación de los hombres con Dios fue entonces uno de los grandes fines de la encarnación, que marcó toda la vida de Jesús. Fue el fruto de su amor por su Padre y por los hombres. Continúa el P. Dehon:
„Este inmenso amor hará de Jesucristo el Cordero de Dios que lleva todos los pecados del mundo, el Buen Pastor que corre hacia las ovejas extraviadas, el Padre de familia que recibe con alegría al hijo pródigo arrepentido. La obra de este amor es eterna. El Corazón de Jesús queda siempre en estado de víctima inmolada por nosotros, conserva la solicitud del Buen Pastor en busca de la oveja perdida, siente siempre la alegría del Padre cuando recibe a un pródigo arrepentido. Estas disposiciones hacen vibrarnos de esperanza, cuando se revelan en el evangelio (OSP. I, 568)”.
En esta meditación ya dice el P. Dehon que el gran motivo de la encarnación y por consiguiente de la reconciliación, fue el amor de Jesucristo a su Padre y a los hombres. En la décima meditación del „Mes del Sagrado Corazón” lo repite de nuevo:
„El amor que hizo descender al Hijo de Dios a la tierra no lo deja más, reina como dueño y señor sobre su humanidad y le inspira todas sus obras y sus palabras. San Pablo dijo : „Me amó y por eso se entregó por mí”. Santa Matilde, desarrollando este tema muestra sobre todo la solicitud de Nuestro Señor por los pecadores, sus palabras amables, sus lágrimas y los sufrimientos de la pasión (OSP. I ,468)”.
Este amor de Jesús es un amor misericordioso. Lo dice el P. Dehon en su libro „El Retiro del Sagrado Corazón”:
„Me uno Señor a los sentimientos que excitaba en el alma del salmista el recuerdo de sus infinitas misericordias. Pero estas misericordias las adoro particularmente en el Corazón de Jesucristo, que se hace carne para visitar y salvarnos (OSP. I, 54-56)”.
En la meditación número 19 „Corazón de Jesús, paciente y misericordioso” del mismo libro leemos:
„Es esta misericordia que lo hizo descender del cielo a la tierra, y lo hizo decir que es el Buen Pastor venido para dar su vida para salvar a sus ovejas.
Es esta misericordia, esta compasión que le arranca este grito: „¿Porqué quieren morir, hijos de Israel? Vuelvan a Mi y vivirán. ¿Porqué quieren condenarse alejados de Mi? Vuelvan a Mi y reencontrarán la vida (Ez. XVIII)”.
Su misericordia brilla en sus gestos con la Samaritana para convertirla, en el perdón a la Magdalena, a San Pedro, al buen ladrón, en la oración que hace en la cruz para sus verdugos. Llora sobre Jerusalén, tiene piedad con la gente que no tiene pan, llama a todos los que sufren para aliviarlos (OSP. I, 516)”.
En „Coronas de Amor”, primera corona, dedica 15 páginas a la misericordia del Corazón de Jesús, tanto para con los pecadores, como para con los enfermos y todos los que sufren (OSP. I, 269-284).
La reconciliación que Jesús nos trae, sobrepasa entonces el perdón de los pecados, afecta también algunas consecuencias del pecado, sea personal o social. Jesucristo quiere salvar al hombre entero, cuerpo y alma, devolverle toda su dignidad en cuanto sea posible.
Este pensamiento desarrolla el P. Dehon más en la meditación número 40 del „Retiro del Sagrado Corazón”.
Dice que „la caridad del Corazón de Jesús llegó a ser piedad profunda frente a las grandes miserias de la humanidad. Manifiesta su piedad a cada paso por el evangelio. Llora sobre Jerusalén, su patria, que niega todas sus preocupaciones de amor. Libera a los poseídos de la espantosa tiranía del demonio, sana a los ciegos, a los sordos, a los cojos, a los leprosos.
Tiene piedad con estas familias que la enfermedad y la muerte han causado un dolor extremo. Tiene piedad de todo el pueblo, de esta masa que está oprimida por las injusticias innumerables y que no encuentra ni caridad, ni compasión”.
Pero su piedad no es estéril: actúa, consuela, ayuda, sana y quiere que nosotros hagamos lo mismo. Su Reino debe ser el Reino de la justicia y de la caridad.
En el tercer punto de esta meditación el P. Dehon deja hablar a Jesús mismo que dice:
„El Reino de mi Corazón en la sociedad es el Reino de la justicia y de la caridad, de la misericordia hacia los pequeños, los humildes, y los que sufren. Le ruego de dedicarse a todas estas obras, de animarlas, de ayudarlas. Favorezca todas las instituciones que deben contribuir al Reino de la justicia social y que deben impedir la opresión de los débiles por los poderosos (OSP. I, 230-233)”.
En la meditación número 33 de este mismo libro hay otro diálogo de Jesús con el discípulo:
„Ahora vengo a usted. Mire, mis hijos tienen hambre de la palabra de Dios y de los sacramentos. ¿No tiene piedad de ellos? Las obras de apostolado y de enseñanza necesitan hombres de buena voluntad. Vea las discordias socales. ¿Quién se interpondrá entre el rico y el pobre para predicarles a los dos sus deberes de justicia y de caridad? Usted ve como los abusos de una clase engendra la revuelta de la otra. Usted entiende las reivindicaciones amenazadoras de la envidia, Hay que multiplicar a los apóstoles de la justicia y de la paz (OSP. I, 198)”.
Este llamado al apostolado de la justicia y de la caridad para prolongar su encarnación y su misión de reconciliación en la tierra hace Jesús, según el P. Dehon, a todos sus discípulos, pero de una manera especial a sus sacerdotes.
En su libro „El Corazón sacerdotal de Jesús” tiene un capítulo sobre el „Corazón sacerdotal de Jesús y de los deberes de la vida social y de la acción popular”. En el punto dos de la meditación número 26 habla del „Corazón de Jesús y las clases populares” Dice que Jesús se ha dedicado especialmente a esta clase y continúa:
„El mundo necesitaba una renovación. En Roma el esclavo era como una bestia de carga, Diez millones de ciudadanos estaban servidos por cien millones de esclavos. En Palestina los fariseos eran altaneros y sin corazón. Solo un Dios podía decir a los hombres: „Ustedes son todos hermanos”. Es la misión de Jesús. Es bajo este aspecto que los profetas la nos han presentado : „Será lleno del Espíritu de Dos, traerá la buena noticia a los pequeños y a los humildes, remediará a todos los infortunados, predicará el gran jubileo con el perdón de las deudas y la rehabilitación de los pobres (Isaías LXI).
Todas las reformas económicas y sociales se encierran en los principios que da: la paternidad de Dios y la fraternidad de todos los hombres.
El da el ejemplo de la simplicidad y del trabajo. Elige el taller para su vivienda, los pastores son sus primeros adoradores. Es obrero e hijo de obrero. Véanlo en Nazareth con el delantal y los útiles del carpintero. Reclama para los obreros justicia, respeto, amor fraterno”.
El punto tres de la meditación trata de la „Iglesia y el Pueblo” y dice:
„La Iglesia inspirándose en el Corazón de Jesús ha liberado a los esclavos. Levantó a los esclavos gradualmente a la servidumbre, al proletariado; los llevará a la participación, a la corporación, a la igualdad cívica.
La Iglesia ha organizado las comunes, las corporaciones, los órdenes redentores. Con San Francisco ha sustraído al pueblo a las duras leyes del derecho feudal. Ha remediado al proletariado con las obras: los orfelinatos, los hospitales, las sociedades de caridad.
Trajano y Marco-Aurelio sometían a los esclavos y a los vencidos a trabajos forzados y a las luchas en el anfiteatro. Voltaire y los filósofos se burlaban del pueblo que solamente servía para comer heno. Cristo y los apóstoles promulgaban la fraternidad universal.
Oh sacerdotes, entréguense a las obras del apostolado, tanto a las obras antiguas como a las nuevas. Ayuden a la prensa popular. Favorezcan los círculos de estudios, las conferencias, los retiros que forman apóstoles. Vayan al pueblo en su apostolado y en su oficina. Vayan al pueblo por medio de la reivindicación de la justicia y del derecho en su favor. Vayan al pueblo favoreciendo sus intereses, sus recreaciones honestas (OSP. II ,603-605)”.
 Vemos en estos textos citados de los escritos espirituales del P. Dehon que Jesucristo no vino solamente para reconciliar a los hombres con Dios, sino también entre si y entre las diversas clases sociales. Por eso les dio el mandamiento de la caridad y de la fraternidad.
Leemos en el libro del P. Dehon „El Año del Sagrado Corazón”: „El amor a Dios y el amor al prójimo no son que un solo mandamiento. Cuando Jesús pronunció su „Ecce Venio” entrando al mundo, vino al mismo tiempo por el amor a su Padre y por el amor a los hombres. ¿Cómo sería posible amar a Dios sin amar a los hermanos? El mandamiento del amor al prójimo es el mandamiento por excelencia de Jesús, es su propio mandamiento : „Es mi mandamiento, dijo, que ustedes se amen como yo los he amado (Juan 15,12)”
„Es por este mandamiento que se reconocerán que ustedes son mis discípulos, si ustedes se amen los unos a los otros (Juan 13,35) (OSP. III ,201-203).
Es este mandamiento del amor que obliga a los cristianos a reconciliarse los unos con los otros. Es la base también del apostolado de la caridad y de la justicia.


2. En sus escritos sociales

Si ya fue difícil encontrar la palabra „reconciliación”o „reconciliar”en las obras espirituales del P. Dehon, más difícil lo es todavía en sus escritos sociales, aunque la idea siempre está presente. Lo que quiere el P. Dehon es reconciliar el mundo moderno con la verdad del evangelio de Jesucristo, con la Iglesia y con las diferentes clases sociales entre si.
Es un gran trabajo apostólico, que según él, toca en primer lugar al sacerdote, pero no a él solo, sino ayudado por los laicos de todas las clases y edades, especialmente los hombres, pues las nuevas obras que hay que comenzar corresponden mayormente a ellos.


2.1. La situación de la sociedad francesa en tiempos del P. Dehon

La sociedad francesa era una sociedad laical, separada y adversa a la Iglesia y que practicaba un liberalismo social y económico mal entendido. Era una sociedad que había perdido la paz social y con fuertes divisiones entre las clases sociales, situación que „llegó a ser para muchos ocasión de pecado”.
En el segundo capítulo de la primera parte del „Manual Social Cristiano”, una obra colectiva hecha bajo la presidencia del P. Dehon, se describe la lamentable situación de la sociedad francesa en las familias, en la moral, en las relaciones sociales (OSC. II, 29-53).
Esta miseria social provenía según en primer lugar de una falsa idea de la sociedad, que había cambiado la concepción social cristiana por una concepción laical e individualista que condujo a un liberalismo económico espantoso, donde reinaba la usura y otros males sociales (MSC, OSC. II,53-70). Este problema se indicaba con la palabra „la cuestión social”.
El P. Dehon ha dedicado los mejores años de su vida a „la cuestión social”.


2.2. Los verdaderos remedios del mal

La acción de la Iglesia

Es según el P. Dehon la acción más importante. Es en la citación siguiente del „Manual Social Cristiano” que nos sorprende la palabra „reconciliar”:
„Sola la Iglesia católica puede remediar los males de la sociedad actual. Solo ella puede reconciliar el rico y el pobre, porque solo ella posee plenamente los principios de la justicia y de la caridad.
El sacerdote en nombre de la Iglesia dice al obrero: „Cumpla fielmente su trabajo, respete cualquiera autoridad, evite cualquiera violencia en sus reivindicaciones”.
Dice a los que emplean a los obreros: „Respeten en ellos su dignidad de hombres y de cristianos. Consideren una vergüenza y una barbaridad abusar a los obreros como máquinas que hacen dinero. Tomen en cuenta sus necesidades religiosas y espirituales, deles el tiempo necesario para esto. Aparten de ellos las causas de corrupción y de pecado. No les impongan un trabajo por encima de sus fuerzas, ni contrario a las necesidades de edad y de sexo. Deles un salario justo, para que puedan mantener convenientemente su vida. No especulen con su pobreza”.
Y a los ricos: „Solo Dios tiene el derecho absoluto de la propiedad. Ustedes son administradores. Después de haber tomado de sus ganancias lo que basta para vivir convenientemente, hay que dar abundantemente la limosna. Es necesario que todos los hombres vivan de lo que produce la tierra”.
Y dice a los pobres: „Su situación fue honrada por el Hijo de Dios. Sean amables y pacientes, santifiquen sus pruebas. En el cielo serán compensados”.
Dice a los unos y a los otros: „Sean unidos en la caridad. Ustedes son hermanos. Tienen al mismo Dios como creador, al mismo Redentor, la misma natura, la misma gracia, la misma herencia en el cielo.¡Cuantas razones para vivir en paz y en fraternidad! (OSC. II 103-104)”.
En cuanto a lo que se refiere a los pobres, no quiere decir con esto que deben aceptar pasivamente su suerte, tienen que reclamar también sus legítimos derechos y trabajar por esto, como veremos más adelante.
Sobre el papel del sacerdote en la renovación social abundan los textos en los escritos del P. Dehon. Leemos en el „Catecismo Social”, otra de sus obras:
„La vida social debe ser dirigida por la verdad, tanto racional como teológica, debe ser regulada o ajustada por la justicia. ¿Quién hace reinar la verdad, la justicia y la caridad en la sociedad, sino el sacerdote? ¿No es él la luz y la sal de la tierra? (OSC. III, 73)”.
Y en „Renovación Social Cristiana”:
„En la industria los conflictos entre obreros y patrones se han multiplicado. No se puede ya contar el número de las huelgas. Los patrones en general han abandonado sus deberes. Son muy escasos los patrones, que como León Harmel, saben ganar el afecto de sus obreros por una justicia adecuada y una caridad sobreabundante.
Nosotros los sacerdotes deseamos ansiosamente el bien de las masas. Somos felices con todas las reformas útiles. Somos apasionados por el progreso. El bienestar del pueblo encuentra un amplio lugar en nuestros corazones de apóstoles. Nuestro ideal es el bien temporal del pueblo juntamente con su bien espiritual. Todo lo que obstaculiza este bienestar, sea el hambre, el exceso de trabajo, las casas insalubres, nos interesa enormemente cambiarlo. Esta es la verdadera doctrina del evangelio y toda la historia de la Iglesia no es otra cosa que una sola cadena interrumpida de obras de caridad y de reivindicaciones a favor de la justicia y el derecho (OSC, III, 193 y 205)”.
En el „Manual Social Cristiano” leemos que además el sacerdote debe ser el discípulo y el apóstol del Sagrado Corazón:
„En este tiempo de divisiones y de odio hace falta un nuevo remedio. Nuestro Señor mismo lo ha dicho. Estas almas congeladas necesitan ser recalentadas por un fuego ardiente.
El Corazón de Jesús manifestado por sus palabras, por su vida, por sus beneficios es un tema infinito de meditaciones ardientes y de predicaciones irresistibles. ¡Ojalá que el pueblo desengañado supiera lo que debe a Jesucristo y lo que, por medio de su evangelio, le gustaría dar de dignidad, de respeto, de felicidad y de alegría pura”.
El sacerdote puede cumplir con esta última misión, porque „solo la Iglesia puede apaciguar los odios sociales y reconciliar todas las clases y solo ella posee la fuente de la caridad cristiana que únicamente se encuentra en el Corazón de Jesucristo (OSC. II,109)”.
Aquí otra vez encontramos la palabra „reconciliar”. Además este texto podría ser el fundamento para lo que se dice en nuestras Constituciones sobre nuestra misión de ser „profetas del amor y de reconciliación en el mundo”.
En „La Renovación Social Cristiano” leemos que la Iglesia actuando así „no excluye ninguna forma de poder, ninguna clase social, honra la verdadera aristocracia, pero tiene una preferencia por los trabajadores (OSC. III,359)”. Es lo que después se ha llamado „la opción preferencial por los pobres”.
En esto la Iglesia no se aparta del evangelio, pues como dijo el Papa León XIII: „El Corazón de Dios se inclina más hacia las clases infortunadas; invita a los que sufren a venir a Él para consolarlos; abraza con una caridad más tierna a los pequeños y a los oprimidos; esta doctrina apaciguará el orgullo de los grandes y relevará el ánimo de los pequeños la paz se hará en el amor fraterno (OSC .III,311)”.
Quiero terminar esta parte con otros dos textos del P. Dehon sobre la misión del sacerdote:
„Los ministros de Cristo ¿no son los guardianes naturales de la justicia, de la equidad, de la fraternidad cristiana? El sacerdote debe entonces intervenir en la contienda social actual, no solamente por un oportunismo que sería bastante justificado, sino por un deber estricto de justicia y de caridad y para cumplir rigurosamente su ministerio pastoral (OSC. III,359)”.
„Si el sacerdote es la luz que extiende sobre el mundo el brillo de la doctrina revelada, hoy día debe ser el maestro y el apóstol de la ciencia social cristiana (OSC. IV,578).
Devolver al sacerdote su vocación de pastor y su celo de apóstol se convierte en una idea-fuerza en el P. Dehon. Hay que restablecer la alianza original entre las dos fuerzas del mundo moderno, el pueblo y la Iglesia, la democracia y el cristianismo. Esta recuperación pasa a través de la acción social del sacerdote. Debe ser un agente activo y convencido de la „renovación social cristiana”.


La acción del Estado

El Estado no puede dejar pasar todas las cosas sin intervenir. Sería un liberalismo mal entendido. Debe actuar y hacer leyes sociales. En su libro „Las Directivas Pontificias” el P. Dehon cita este texto de Santo Tomás:
„La Sociedad civil y el poder que la gobierna tienen por fin permitir a los hombres a vivir en paz y justicia con una cierta abundancia de bienes materiales cuyo uso es necesario para la práctica de la virtud (OSC. II,394)”.
En „Manual Social Cristiano” cita el siguiente texto del P. de Pascal :
„El Estado es por vocación esencial el mantenedor del derecho, el guardián de la justicia. Sus deberes encierran el respeto por la religión, la protección de la familia, la defensa de los débiles. Según la Encíclica „Rerum Novarum” debe procura una organización social que produce espontáneamente y sin gran esfuerzo la prosperidad tanto pública como privada (OSC. II,111)”.
Las Leyes que hay que crear son:
-    del reposo dominical obligatorio,
-    de la libertad de enseñanza,
-    de la disminución del número de los conscriptos,
-    de la libertad de culto y de la libre asociación religiosa,
-    de la reforma de los impuestos,
-    contra la especulación y la usura,
-    de las Comisiones mixtas de patrones y de obreros para la vigilancia de las fábricas y de los talleres y de Consejos de fábrica,
-    que arreglen las horas de trabajo y revisen el trabajo nocturno, el trabajo de las mujeres y de los niños,
-    que arreglen el sueldo mínimo y los contratos de trabajo (OSC. II,122-129).
Interesante es lo que dice sobre las Comisiones mixtas de patrones y de obreros para la vigilancia, especialmente en relación con nuestro tema de la reconciliación:
„Estas Comisiones funcionarían más efectivamente que los inspectores a sueldo, sistema que se ha probado. Meter a los obreros y a los patrones juntos para entenderse en cuanto a los intereses comunes, es el gran remedio de impedir las prevenciones y el antagonismo. En estas Comisiones los patrones sacarían provecho del espíritu práctico y positivo de los obreros y ellos aprenderían a respetar la inteligencia de los patrones y a darse cuenta de las dificultades con que ellos deben contar (OSC. II,123)”.

La acción de los interesados : patrones y obreros

Se trata según una expresión de León Harmel de „levantar la barrera que separa a los patrones de los obreros (OSC. IV,205)”.
En „Manual Social Cristiano” el P. Dehon comienza este capítulo con señalar en pocas palabras los deberes de los obreros y dedica todas las otras páginas a los deberes de los patrones.
El patrón ejerce una autoridad social que es semejante a la de un padre de familia. Por eso debe vigilar sobre los intereses físicos, morales, temporales y espirituales de los obreros y sus familias. Estos deberes van más allá que dentro de la misma fábrica (OSC. II,129-135).
Muy relacionado con la acción de los padrones y de los obreros es el derecho de poder unirse en corporaciones o sindicatos mixtos, o sea de patrones y obreros juntos, o en corporaciones o sindicatos simples, o sea de patrones u obreros solos. El P. Dehon trata este tema en la segunda parte del „Manual Social Cristiano”, que es de su propia mano. Muchos consideraban las corporaciones o sindicatos simples de obreros solos un impedimento para la Reconciliación.
Interesante es lo que dice el P. Dehon sobre esto en „Las Directivas Pontificias”, párrafo IX: „la iniciativa obrera”:
„¿Está bien, o al menos lícito y justo que los obreros se agrupan, estudian, se ponen de acuerdo para pedir ellos mismos, sea a los patrones, sea al Estado, una mejor organización económica en la que sus derechos serán mejor salvaguardados?
Parece que está demás hacer esta pregunta. ¿Porqué los obreros no se ocuparían ellos mismos de sus intereses y de sus derechos como los otros? Sin embargo hay grupos de patrones liberales y conservadores que no quieren oír hablar de esta iniciativa obrera. Para ellos toda la cuestión social debe ser resuelta por los patrones. Los deberes atribuidos al patrón no corresponden a los derechos de los obreros. Las ventajas destinadas a las clases populares les son dadas por la clase dirigente a título de un don gratuito y voluntario, por obediencia a las leyes de la caridad, no a causa de una obligación de justicia (Revue Catholique des Institutions, 1890).
No es el pensamiento de León XIII. Ve con mucho gusto „como en todas partes se forman sociedades, sea compuestas de obreros solos, sea mixtas, reuniendo al mismo tiempo obreros y patrones”. Desea que crezcan en número y en eficiencia en su acción.
Atribuyendo al obrero el derecho que puede estudiar y defender, León XIII no hace nada nuevo, sigue simplemente el decálogo.
El premier mandamiento da al obrero el derecho de practicar su religión; el tercero le da el derecho de reposar el día domingo; el quinto y el sexto le dan el derecho de ver respetar su salud y sus modales por el reglamento del taller y las condiciones de trabajo; el séptimo le da el derecho de un salario justo y normal.
¿Porqué no podría estudiar estos derechos, reivindicarlos, hacerlos valer por medio de la prensa, la propaganda, la discusión del contrato laboral, por la acción política?
Seguramente se objetará que los sindicatos de obreros solos varias veces están penetrados de ideas revolucionarias. Favorezcan entonces a las agrupaciones cristianas, en vez de exasperarlas negando sus derechos, anímenlas, ayúdenlas (OSC. II,459-460)”.
Para prevenir el riesgo inherente de los sindicatos separados o de obreros o patrones solos, el P. Dehon propone en la revista „Sociologie Catholique” de noviembre-diciembre de 1902, crear „Cámaras de trabajo” de patrones y obreros juntos, donde se hace el arbitraje para resolver todos los conflictos entre patrones y obreros.
Leemos aquí también :
„Hace falta tratar de orientar el movimiento sindical no más hacia la guerra social, sino a la paz, hacia el acuerdo entre los obreros y los patrones sobre el terreno de la protección de los trabajadores y de la previsión social. (OSC. I,607-611)”.


Z.3. Las Obras

En la segunda parte del „Manual Social Cristiano” el P. Dehon habla de las obras que hay que crear o continuar para favorecer la paz social, acentuando especialmente las obras nuevas.
Comienza a pedir de nuevo a los sacerdotes de ir al pueblo:
„El ministerio pastoral se encuentra frente a situaciones nuevas y debe adaptarse a las necesidades actuales y responder a las exigencias de los tiempos, como sucedió en todas las épocas de la historia; por eso la necesidad de las obras nuevas que dan a la acción del sacerdote un carácter apostólico y permiten a los laicos aportarle una ayuda siempre útil y algunas veces indispensable (OSC. II,153-161)”.
Después invita a los sacerdotes a fundar corporaciones y círculos obreros y sindicatos, pues según León XIII sirven más para acercar las clases sociales (OSC. II,163-164).
Recomienda a los sacerdotes visitar anualmente a sus fieles, para conocer mejor las necesidades de la gente y encontrar laicos que los pueden ayudar en su labor social (OSC. II,167-171).
Indica después tanto a los sacerdotes como a los laicos por donde y cómo comenzar su apostolado. Deben saber muy bien que su misión no está reservada solamente para dentro de la iglesia o la sacristía, que deben ir al pueblo y no dejarse desanimar por gente tímida (OSC. II,173-176).
Siguen las obras de los sindicatos rurales agrícolas, la buena prensa, las cajas de crédito, los círculos rurales , etc..


2.4. Los laicos

Es lógico que toda esta inmensa labor social que hay que hacer necesita la colaboración de los laicos. En su obra „Nuestros Congresos” de 1897, el P. Dehon en el capítulo 5 explica las razones del laicado en la Iglesia. Hablando de la composición de los Congresos Sociales dice :
„La mayoría reúne laicos y sacerdotes. El apostolado laico se ha desarrollado sobre todo en este siglo. Se podrían dar muchas buenas razones. Hay menos clero que antes. No hay clérigos que se quedan solamente en los grados menores del ministerio. La Providencia, que provee todo, nos da la ayuda de los apóstoles laicos. Hay algunas veces más facilidad para los laicos en el tiempo actual para acudir a ciertas miserias, que el sacerdote de ninguna manera puede atender. El apostolado laico además no es otra cosa que la expansión o floración de la caridad cristiana, y es algunas veces un deber. El Santo Padre quiere mucho esta acción común del laico y del sacerdote (OSC. II,370)”.


3. En su apostolado

El 16 de noviembre de 1871 el P. Dehon llegó a San Quintín para comenzar su apostolado. San Quintín contaba en aquel momento con unos 32.000 habitantes como podemos deducir del Censo que se hizo en 1872 (Cf. „Regards sur Saint-Quentin de 1871-1877”, P.J. Tapin scj, pg. 1).
La industria principal eran los tejidos de lino. La población obrera estaba sin medios materiales, sin fe, minada por el socialismo y sumergida en vicios y miserias. Dice el mismo P. Dehon sobre esta situación social de la ciudad:
„El salario sube y baja según la demanda, como el precio de los esclavos : no hay ninguna institución que protege al obrero. La vejez, la enfermedad, los numerosos niños causan hambre y miseria en las familias. Algunas familias bien situadas prosperan : los otros quedan en el pauperismo. Las fábricas no obligan a trabajar el día domingo, pero los patrones no tienen ningún interés por la religión de los obreros. Estos reposan o trabajan en su jardín el domingo en la mañana y beben en la tarde. Las casas son insalubres. Hay una Caja de Ahorros, pero no hay nada que ahorrar. Una tercera parte de la ciudad debe ser ayudada durante el invierno por la oficina de beneficencia. Los obreros tienen odio a la sociedad actual : están descontentos del clero que no hace nada por ellos, Cierto que esta sociedad es una sociedad podrida y que todas las reclamaciones de los obreros tienen una base, un fundamento legítimo (NHV IX,90-91)”.


3.1. El Patronato de San Quintín

Como el P. Dehon era el encargado del catecismo de algunas escuelas de la ciudad, su primera preocupación era atraer a los niños para conseguir su perseverancia después de haber hecho la Primera Comunión. Por eso quería crear un Patronato, o sea, un Centro Social y Comunitario. Aquel pequeño grupo de niños que reunía en su habitación los días domingos, provenientes del colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, pasó en poco tiempo a 40 en 1872 y casi 300 en 1875.
Por los rápidos progresos del Patronato se vio obligado a comenzar pronto para los más grandes un verdadero Círculo Obrero. Para informarse sobre esto asistió en agosto de 1873 al Congreso de los directores de Círculos Católicos Obreros en Nantes. Aquí se encontró con León Harmel y Alberto de Mun, dos grandes líderes sociales de la época.
En todo este trabajo fue ayudado por algunos laicos de valor, como el Sr. Julien, presidente de la Conferencia de San Vicente y el Sr. Santerre.
La finalidad de este apostolado era reconciliar a los obreros con la Iglesia. El 25 de noviembre de 1872 el P. Dehon escribe a su amigo Palustre que cree que la obra que está realizando y todas las obras obreras que surgen y se organizan en varias ciudades, junto con la oración, son las garantías más grandes de esperanza para Francia y para el futuro. Era lo mismo que le había escrito antes el 22 de octubre el Abbé Demiselle, ex párroco y decano de La Capelle, que fue para él un gran consejero, un amigo y bienhechor por todas sus obras.
Este mismo sacerdote le escribió el 19 de noviembre de 1872:
„La obra que usted realiza responde a una de las más urgentes. La clase obrera es tan abandonada que hasta no hay para ellos un puesto en nuestras iglesias. La necesidad de juntar dinero hace que se quiere sacar el máximo provecho del arriendo de las sillas y de los bancos. Los obrero, que no tienen dinero para dar a las iglesias, quedan sin lugar y no vienen más. Ojalá que nuestras iglesias fueran como las iglesias en Roma, en las que los puestos pueden ser ocupados por el primero que llegue. Pero la situación creada en las iglesias francesas no lo permite. No obstante hay que hacer algo para cambiar este estado de cosas y hacer sentir a los obreros y a los pobres que la iglesia es su casa, igual como para los ricos. Por lo menos las obras del Patronato abren a esta clase desheredada refugios donde se encuentra a gusto. De ahí la prisa con que un gran número se inscribe en estas obras. Sienten que aquí reencuentran su dignidad. Ven así que el ministerio del sacerdote no esté solamente al servicio de los ricos, y aprenden sentimientos de verdadera fraternidad e igualdad (AD .B 17/6,23, inventario 15823)”.


3.2. Secretario ejecutivo de la pastoral social de la diócesis de Soissons

El P. Dehon fue llevado rápidamente, a raíz del desarrollo de sus obras sociales, a tomar un papel de animador en la Pastoral de su diócesis. La razón era que Mons. Dours, Obispo de Soissons, quería comenzar una oficina diocesana de obras y nombró al P. Dehon secretario ejecutivo de ella. La primera tarea que la oficina comenzó era organizar una encuesta sobre la situación de las obras y las asociaciones existentes.
Para poder dar a conocer el resultado de esta encuesta el P. Dehon organizó la primera Asamblea General de la diócesis durante los días 10 y 11 de marzo de 1875 en Liesse. El informe da constancia de la triste situación de muchas parroquias, donde no había ninguna vitalidad.
El Congreso tuvo un gran éxito y abrió caminos. Se vio la necesidad de crear obras nuevas y que la pastoral que se había seguido hasta ahora, ya no bastaba para enfrentar las dificultades (NHV XI,111-114).
Siguió la segunda Asamblea, celebrada los días 23-25 de octubre de 1876 en el Patronato San José de San Quintín. Reunió a 300 auditores entre los cuales hubo varios de los principales industriales de la ciudad, venidos para escuchar a León Harmel. Se acentuó mucho los deberes de los patrones cristianos, pero las conclusiones del Congreso eran todavía de carácter paternalistas: se pensaba solamente en la protección del obrero por parte de la clase dirigente, y que esto bastaría para hacer reflorecer la paz social (NHV XII, 59-64).


3.3. La Asociación de los Patrones católicos

En 1876, después de la segunda Asamblea diocesana, el P. Dehon creyó haber llegado el momento de fundar una Asociación de Patrones católicos en San Quintín, Les decía:
„Los Patronatos y las Obras son inútiles, si la fábrica y el lugar de trabajo no cambian. Ustedes deshacen durante la larga y sombría noche de seis días de trabajo, lo que nosotros hacemos con mucho esfuerzo durante la bonita jornada del domingo. Ustedes como patrones no son bastante cristianos en sus vidas (Cf. R. Prélot, „L´Oeuvre Social du Chanoine Dehon”,57-62)”.
El 25 de enero de 1877, aprovechando una velada teatral organizada por la Obra del Patronato, les dijo:
„Ustedes quieren un ambiente social en que reinan la seguridad, la paz, el orden y la caridad. Nosotros se lo daremos, si así lo quieren, pero es necesario que nos ayuden (NHV XII,122)”.
Y el 19 de abril de este mismo año durante las festividades con ocasión de su onomástico, también celebradas en el Patronato:
„Gracias a Dios hemos tenido siempre en esta Obra de San José un fin noble y elevado. Es una Obra de salvación social, que hemos querido hacer. En cada una de nuestras reuniones hemos constatado con ustedes como avanza siempre el mal social. El antagonismo de las clases se acentúa siempre más. La crisis se acerca. Las olas suben. El dique de nuestras obras detiene un poco la corriente, pero las olas sobrepasarán. Nuestro ideal es la unión del patrón y del obrero, reconciliados el uno con el otro por el sacerdote. Hemos hecho las pruebas. Son muy notorias en las fábricas de Val-des-Bois, de Roubais, de Tours, de S. Dizier. Aquí reina con el orden cristiano, la paz social, la prosperidad y la felicidad (NHV XII,126-127)”.
El P. Dehon, comentando y revisando algunos años después todo este trabajo, comentaba:
„Asistimos a una expansión enorme de la virtud de la caridad. Pero esto no bastaba. Había en la vida social injusticias latentes de las cuales no nos dimos cuenta. Había por rehacer una conciencia social entera y esto iba a costar tiempo y sacrificios. En verdad, durante los pocos años de prosperidad que siguieren después de la guerra (de 1876), los obreros eran más accesibles, y todavía la Nación estaba bajo la influencia de la gran prueba. La mala prensa era muy tímida. Pero, creciendo las dificultades económicas, el socialismo comenzó a crecer. Los católicos tenían que comprender que la caridad no basta y que es necesario meterse en las cuestiones de justicia social y formar programas de reforma (NHV XI,146)”.


3.4. El Colegio San Juan

Mucho era el trabajo realizado y el éxito conseguido, gracias también a la cooperación de las autoridades, pero, como ya decía el P. Dehon en el texto recién citado, luego cambiaría el panorama político en Francia.
El P. Dehon, sin embargo, no estaba contento. Se sentía demasiado ocupado y agitado. Echaba de menos la vida interior. Quería ser religioso. Pero no podía deshacerse de sus obras. No le quedaba más que abrirse a Mons. Thibaudier, su Obispo. Todos conocemos el resultado: el 14 de julio de 1877 recibió del Obispo la autorización escrita de fundar una nueva Congregación religiosa a la sombra de un colegio. a que daría el nombre Colegio San Juan, como homenaje al que había de ser su patrón en la vida religiosa que iba a emprender.
El P. Dehon siempre ha considerado este colegio como una obra social, pues quería formar a los futuros patrones cristianos, a la clase elite e influyente, para que fueran agentes de cambio social según el evangelio en beneficio de los pobres y de su Patria.
En sus orientaciones mostraba también que la Iglesia, o sea la fe, no tiene nada que temer de la verdad científica, reconciliando así el mundo moderno con el mundo de la fe. En esto seguía las enseñanzas del Papa León XIII (NHV XIV, 153).
Uno de los consultores de la Congregación de la causa de los Santos, refiriéndose al P. Dehon alaba su „gran preocupación de reconciliar las exigencias del mundo de la fe con las adquisiciones de la ciencia, lo que resulta más importante, si se hace presente que el ochocientos fue uno de los siglos en que la relación entre la ciencia y la fe conoció momentos de tensión, y hasta períodos de luchas abiertas” (Cf. „Actas de la Congregación de la Causa de los Santos sobre la heroicidad de la vida del P. Dehon”, Roma, 30.01.1996).
En 1884 se formó la Asociación de los ex alumnos del San Juan. El P. Dehon asistía casi todos los años a la gran reunión anual, completando así la formación social que habían recibido. Más adelante hablaremos de esto.


3.5. La Revista "El Reino del Sagrado Corazón en las almas y en la Sociedades"

Poca es la actividad netamente social del P. Dehon durante los años 1878-1887, por diversas razones, especialmente por el „Consummatum est” de 1883, la muerte de sus padres, la preparación del „Decretum Laudis”, (la aprobación de su Congregación), y su propia enfermedad. La retoma de nuevo en 1888.
En enero hace una conferencia para el Círculo obrero sobre Juana de Arco (NQT. IV,14). El 10 de mayo se confirma en su deseo de publicar pronto una revista para promover el Reino social del Corazón de Jesús (NQT. IV,40r). Del 7 al 9 de julio se encuentra en Soissons para la peregrinación de los Círculos obreros católicos de la diócesis y está encargado de la predicación para los obreros y los patrones en la catedral (Cf. „Dehoniana” 98/1,11-22).
Finalmente el 6 de agosto asiste en Val-des-Bois a la primera reunión de estudios sociales de los seminaristas.
Crece ahora en él la convicción de que la caridad sola no puede resolver los problemas sociales, que es necesario también la práctica de la justicia. Así leemos en su alocución sobre la bandera, que hizo para un Círculo obrero, y que, según el P. Ledure, debe ser del año 1888:
„La victoria que ustedes quieren conseguir es establecer para los obreros, con la fe, la felicidad íntima del hogar y la pureza de los modales; y con la caridad y la justicia, la paz social y la prosperidad. Estudien, recen, actúen, enseñen la justicia, la fe, la caridad, y vencerán y les llegarán días mejores” (AD. B 7/3; texto citado por el P. Ledure en „Acción social y vida mística del P. Dehon”, „Études Dehonniennes, Lyon 1966,58-60).
En este mismo espíritu publica el 25 de enero de 1889 la Revista „El Reino del Sagrado Corazón en las almas y en las sociedades”. Su objetivo fue conseguir la transformación, la conversión y la renovación de toda la vida cristiana, tanto en las personas como en las sociedades.
En esta revista el P. Dehon ensayaba tanto sus publicaciones sociales como espirituales, pues decía que el culto al Sagrado Corazón no debe quedarse solamente en el ambiente de la devoción, sino que debe manifestarse también en actitudes de caridad y justicia en las personas y en las sociedades.


3.6. "Altoparlante" de las Encíclicas de León XIII

En septiembre de 1888 el P. Dehon fue a Roma para agradecer al Santo Padre el „Decretum Laudis” recibido el 25 de febrero. El Santo Padre lo recibió con extrema bondad y le dijo:
„Sé que el fin de su Instituto es muy bueno. La reparación es muy necesaria, Pobre Francia, está bajo el yugo de las sectas. Predica mis Encíclicas, combate los errores contemporáneos”.
La fidelidad del P. Dehon a este deber constituyó el eje de una actividad más sorprendente que nunca en los próximos años.
El 15 de mayo de 1891 el Papa León XIII publicó su Encíclica „Rerum Novarum”. Vino a sellar la inquietud social de algunos precursores del apostolado social en Europa, entre los cuales el mismo P. Dehon, que en su revista „El Reino” dio gran publicidad a ella („Le Régne”, julio 1891,313-323).
Dice la Encíclica que es un error capital creer que las dos clases sociales por naturaleza son enemigas, la una de la otra. La verdad es la armonía social, no el antagonismo.
Además las dos clases se necesitan mutuamente. Recomienda mucho la creación de corporaciones obreras que deben tratar de reconciliar los derechos de los patrones con los de los obreros y encargar árbitros para resolver los conflictos. Dice textualmente:
„Para reconciliar a los ricos con los pobres es necesario recordarles sus mutuos deberes, ante todo los de la justicia”.
El P. Dehon, citando en su revista este texto, escribe la palabra justicia con letras mayúsculas.


3.7. Presidente de la Comisión de Estudios Sociales de su diócesis

El Obispo de Soissons quiso concretizar la invitación de León XIII de realizar la pastoral social en su diócesis. Por eso formó una Comisión de Estudios Sociales en 1892 bajo la presidencia del marqués La Tour du Pin. El P. Dehon comienza a asistir a estas reuniones el 22 de marzo de 1893. En la séptima reunión, el 28 de junio de 1893 acepta la presidencia de la Comisión y la orienta a la publicación de un Manual Social Cristiano que fue publicado en 1894.


3.8. Congresos, conferencias y publicaciones

Gran fue la actividad social del P. Dehon desde 1894 al 1901, Asistió a muchos congresos, hizo muchas conferencias y publicó varias obras. El año 1897 fue el año culminante de esta labor.
No es mi intención desarrollar aquí todo esto. Sobrepasa la finalidad de este pequeño estudio. Solamente quiero acentuar que el P. Dehon por su gran espíritu de reconciliación pudo asistir tanto a los encuentros de los obreros, como de los patrones.
Así asistió en 1894 al segundo Congreso de los obreros franceses en Reims y al Congreso obrero en Charleville. En 1896 habló en un congreso para industriales o patrones católicos en Reims. Durante los días 19-26 de octubre, también de 1896, participó al Congreso Nacional del Norte, donde los asistentes casi todos eran patrones un poco refractarios. Hizo un discurso y hasta sacó aplausos (NQT. XI,70-71). Pudo hablar este mismo año en el Congreso del diario „La Croix”, un periódico monárquico, siendo el mismo de pensamiento diverso.
El mismo rol reconciliador tuvo en los encuentros de la Democracia Cristiana, que, en medio de un Estado siempre más laicista y secularizado, trataba de mantener el antiguo ideal de una cristiandad en la que la Iglesia y el Papa podían ofrecer la única solución a los problemas sociales y políticos.
En 1901 comienza a disminuir la labor social del P. Dehon por diversos motivos, pero siempre está latente.
Así encontramos orientaciones sociales en sus obras espirituales, trata en 1910 de editar de nuevo el”Manual Social Cristiano” y sigue invitando a los ex alumnos del San Juan a una pastoral social eficiente.


3.9. Las orientaciones sociales del P. Dehon a los ex alumnos del San Juan

En 1884 se fundó la Asociación de los ex alumnos del San Juan. El P. Dehon asistía regularmente a la reunión anual de sus miembros, aprovechando la oportunidad para completar la formación que les había dado. Interesantes son las reuniones de 1894, 1897 y 1907.
En la Asamblea de 1894 insistió en la necesidad de formar asociaciones profesionales que engloben tanto a patrones como a obreros. Les invitó a trabajar con este fin. La Iglesia y Francia cuentan con ellos. Con el soplo del espíritu del amor, del que el Corazón de Jesús es la fuente, Francia se reanimará. Renacerá el espíritu de los primeros siglos del cristianismo que hará desaparecer las enemistades entre las clases sociales (AD. B 90/1, inventario 112821).
 

4. En su vida personal y como fundador

El P. Dehon siempre fue un hombre que buscaba la paz y la reconciliación, nunca quería forzar o imponer las cosas, sabía sacrificarse para no causar irritaciones en el otro. Esto vemos claramente en sus relaciones con su padre, a quién no le gustaba su opción por el sacerdocio.
Cuando estaba por terminar su primer año de estudios en el seminario francés en Roma, y se acercaba la fecha de ir de vacaciones a La Capelle, escribió el 6 de mayo de 1866 a su padre:
„Entiendo como por diversos motivos le tormenta el pensamiento de verme llegar con el hábito clerical. Usted sabe que mi deseo más grande es evitarle cada sufrimiento: visto que andar con sotana no es lo más esencial de mi vocación, hago con gusto este sacrificio, aunque me cuesta. Así tomaré definitivamente el hábito clerical recién en octubre (AD. B 18/9.2.19)”.
Esta misma conducta ha practicado también en su Congregación. Sufría cuando había malentendidos, desunión, palabras duras en la comunidad.
En 1880 anota en su Diario:
„Dificultades internas: el diablo se aprovecha de dos caracteres débiles que tenemos entre los nuestros para suscitar muchas penas y dificultades (NHV XIV,107)”.
En octubre de 1880 entró el Abbé Bernardo Leclerq, dejó la Congregación en agosto de 1882 sin haber hecho la profesión y en 1883 comenzó una campaña de denuncias y de calumnias contra el P. Dehon, tanto en la prefectura como en la diócesis. El Fundador lo soportó con resignación (NHV XIV,107).
Sufre en 1888 cuando hay divisiones entre los Hermanos en Fourdrain (NQT. IV,50r).
En julio de 1889 se levanta una verdadera tempestad contra la Congregación, un segundo „Consummatum est”. Había muchas cosas que no andaban bien. La Congregación se había extendido demasiado y por eso varios escolásticos tenían que ser empeñados en las obras, así, no podían formarse tranquilamente.
Surgen quejas dentro de la misma Congregación que encuentran eco en la diócesis de Soissons. Por eso Mons. Thibaudier, ahora Arzobispo de Cambrai, a fines de agoto exigió al P. Dehon dejar el Colegio San Juan y fusionar su Congregación con otra más sólida (P. H. Dorresteijn, „Vie et Personnalité du P. Dehon”,135; NQT. IV,95).
La Congregación desde el 25 de febrero de 1888 gozaba del „Decretum Laudis” y por eso ya no dependía del Obispo. Mons. Thibaudier excedió entonces sus derechos. El P. Dehon no se defendió, rezaba y esperaba que pasare la tempestad y comenzó a ponerse en contacto con algunas Congregaciones viendo la posibilidad de una fusión, que felizmente no resultó.
No había dificultades solamente en Francia, sino también en la Comunidad de Bahía en Ecuador. Por eso en 1890 el P. Dehon escribió al P. Grison :
„Trabaja para mantener la unión entre todos ustedes. Cuento contigo por eso. Tu eres el mayor. Restablece bien la unión entre el P. Ireneo y el Frater Anscario (que se había ido a la diócesis), entre el P. Bruno y el P. Sebastián (Miquet) Se paciente con los débiles y los caracteres difíciles. No te dejes intimidar por las dificultades (AD. B 24/8)„
El 15 de diciembre de 1892 anota en su Diario:
„Me escribió el P. Captier para pedir perdón por todo el mal que nos hizo. El Párroco de H. me envía su carta. Está bien, son reparaciones tardías. Pido al Señor de perdonar todo a estas personas y a la Obra (NQT VI,16v)”.
Nada de rencor, hasta pide al Señor de perdonar las faltas cometidas por su propia Congregación.
Siguen las intrigas. Algunos de sus religiosos más cercanos hacen de todo para alejarlo del Colegio San Juan, del que es director muy querido. Otros intentarán crear el vacío alrededor suyo y quitarle el cargo de Superior General. „Pruebas : denuncias, calumnias. Días de sufrimiento, peor que el „Consummatum est”, anota en el verano de 1893 (NQT. VI,32,r).
Se le acusa también de haber falseado la inspiración original de la Congregación.
Jefe de la contestación fue el P. Blancal, que llegó a la Congregación el 12 de mayo de 1888 y que ya había causado una división en la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Tolosa a la que había pertenecido antes. (NQT.Volumen I,550-553).
Todo esto se vivió también en el Capítulo General realizado los días 6-14 de 1893 en Fourdrain. Pero la oposición no logró sus objetivos. Anota el P. Dehon:
„Reunión del Capítulo General y retiro en Fourdrain. Elecciones. El diablo trata al inicio de sembrar la división, pero se restablece la calma y el retiro es excelente (NQT. VI,36v-37r)”.
Mons. Duval, sucesor de Mons. Thibaudier en Soissons, basándose en prevenciones, comadreos, añadidos y falsedades, exige al P. Dehon dejar la dirección del San Juan. Obedece a su Obispo, hace un retiro de un mes en Braine, del 17 de octubre al 16 de noviembre y cuatro días después cambia su residencia del Colegio a la Casa-Madre, donde estaba el foco de la oposición.
En febrero de 1896 escribe en su Diario:
„Las pruebas íntimas no faltan: cartas anónimas, calumnias, etc. Los sufrimientos son una purificación y una expiación siempre merecida por algunas faltas (NQT. XI,50r)”.
Aquí el P. Dehon se refiere a las calumnias del ex novicio Gaëtan Juniet. Entró en nuestro noviciado el 20 de marzo de 1893 y sale ya en el mes de junio. Alcanzó de obtener del P. Blancal un préstamo de 6.000 francos. Después, conociendo las intrigas del P. Blancal para suplantar al P. Dehon, inventa grandes calumnias contra él, para hacerse valer frente a sus acreedores.
El grupo del P. Blancal que en 1893 no había alcanzado su objetivo de alejar al P. Dehon de la dirección de la Congregación aprovecha esta oportunidad de comenzar otra campaña de intrigas. El 31 de agosto de 1896 anota el P. Dehon:
„Tenemos el Capítulo trienal de la Congregación en la Casa-Madre. Siento una pena profunda. Un padre ha escuchado calumnias, las cree, las propaga y perturba el Capítulo (NQT. XI,69r-69v).
El P. Dehon parece referirse al P. Delgoffe que los días 12 y 30 de julio escribió a Mons. Duval, quejándose del P. Dehon y pidiendo su intervención para alejarlo de la dirección de la Congregación. Pero el Obispo no intervino y el Capítulo se realizó después con relativa tranquilidad.
Cuando en junio de 1914 muere Gaëtan Juniet, el P. Dehon anota:
„Me entero de la muerte de un individuo cuyas calumnias me han hecho sufrir mucho años atrás: Gaëtan Juliet. Después de una vida de mentiras, robos, estafas, y dos divorcios, muere en una explosión de una máquina, que parece haber provocado para terminar con su vida”… (NQT. XXXV,75). Pero sin manifestar rencor o alegría por su muerte.
Pero el grupo Blancal no se da todavía por vencido. El mismo día 6 de julio de 1897, cuando los Padres Grison y Lux se embarcaron al Congo le enviaron un „Memorando” al P. Dehon.
Le manifiestan sus inquietudes sobre el camino que sigue el Instituto. Estas inquietudes se refieren a la demasiada facilidad de admitir personas sin la suficiente preparación, sin considerar bastante su edad, sus estudios y sus antecedentes; a la poca formación dada a las personas admitidas; a la extensión excesiva que se está tomando.
Dicen que para ellos es imposible reconocer en una Congregación así conceptuada, la que les fue propuesta en origen. Les parece no tener ni su finalidad ni su espíritu. Se menosprecia la adoración perpetua del Santísimo Sacramento expuesto en el oratorio y la predicación de retiros de las doctrinas de misericordia y de sacrificio, que respira la devoción al Corazón de Jesús, que eran las dos obras esenciales al inicio.
Por todo esto piden poder separarse de la Congregación y formar un grupo aparte. Fuera del P. Blancal firman 6 otros padres de la Casa-Madre (AD .B 48/4.2).
¿Cuál fue la reacción del P. Dehon?
Después de haber leído el „Memorando” no pierde la cabeza, no le hace ninguna discriminación, ni publicidad. Hasta ni lo menciona en su Diario. Conversa con los firmantes y los desarma uno por uno. Después los saca de la influencia del P. Blancal.
El efecto de esta táctica lo encontramos en unas cartas que el P. Dehon envió al P. Falleur, la primera del 10 de julio de 1897. Dice:
„Hay que rezar mucho. Hay solo una esperanza: que Nuestro Señor golpee e humille al jefe de la intriga (AD. B. 20/3)”.
Dos días después desde Clairefontaine el P. Dehon escribe de nuevo al mismo Padre:
„El P. Pablo (Delgoffe) ya se convirtió en Sittard. Me escribió para ofrecer sus disculpas. Había dado confianza a un mentiroso. Supongo que se trate del famoso J. (Juniet). Sea muy discreto sobre todo esto. El P. Blancal, viendo que la aventura no tiene éxito, se despecha y habla de irse, ¡fiat! (AD. B 20/3)”.
El 18 de julio escribe otra vez al fiel amigo Falleur:
„También el P. Ireneo Blanc se convirtió, ¡Gracias a Dios!. Dentro de poco quedará uno solo, usted sabe quién (AD. B 20/3)”. (Cf. también P. Angelo Vassena, „Les rapports du P. Dehon avec les évêques de Soissons”, „Studia Dehoniana” 20,187-188).
No tenemos en nuestros archivos la carta del P. Delgoffe a que se refiere el P. Dehon, sino otra que le envió mucho más tarde, el 6 de enero de 1920, pidiéndole de nuevo perdón. Termina así:
„Usted sabe que después de esta maldita época fui y estoy todavía lleno de sentimientos respetuosos (frente a usted) y estoy seguro que también usted hace mucho tiempo todo ha olvidado y perdonado. No obstante espero que usted me bendiga una vez más, diciéndome en la misericordiosa bondad del Corazón de Jesús: „Todo está perdonado y olvidado” (AD .B 18/6.9)”.
Todos conocemos también la actitud que el P. Dehon tuvo con el P. Blancal. No le pronunció ninguna palabra de rechazo y cuando en 1905 está gravemente enfermo, muere en sus brazos. En 1912 en su circular „Souvenirs” habla de él con mucho cariño, recordando solamente sus cualidades y servicios prestados.
En 1900 el P. Dehon pasó por otra gran prueba. En 1898 nuestros padres habían comenzado una misión en Túnez. La Congregación con la ayuda económica del Abbé Boucher, pensionista en nuestra comunidad de Marsanne, Francia, había construido una iglesia al Sagrado Corazón y comprado una propiedad. Pero los misioneros Sebastián Miquet y Bruno Blanc pidieron en julio de 1899 las dispensas de sus votos y pusieron todo a nombre de la Archidiócesis de Cartago. Se comenzó un litigio en Roma, que perdió la Congregación.
El uno de marzo de 1900 el P. Dehon anota:
„La cruz no debe faltar en la vida de víctima. Hay pruebas que pesan largo tiempo sobre uno, como debilidades personales, deudas e ingratitudes. Hay también pruebas que pasan como una flagelación. Este día la Santa Sede da la razón al Obispado de Cartago y al desertor (S. Miquet). ¡Fiat! Es solo un poco de dinero que se pierde, fuera de una humillación y mala suerte (NQT. XVI,80)”.
En noviembre de 1903 había llegado al Brasil del Norte para ayudar en el colegio de Olinda el frater A. Elgass. Estando allí seguía estudiando teología con la ayuda del P. L. Richters. Parece que se ponía muy difícil y que fue avisado el P. Dehon. El 17 de abril de 1904 escribió al P. Richters:
„Si Elgass quiere ser razonable, le perdono todo, y usted puede admitirlo a la renovación de sus votos (AD .B. 20/8.4)”.
En 1905 anota el P. Dehon sobre el P. Warcoin, que como escolástico había estado en Ecuador durante los años 1892-1894:
„El ex Padre Warcoin pasa por San Quintín. Padece de una alineación mental. Hace cosas extravagantes en la Basílica y en la ciudad. Este pobre hombre es uno de los 3 sacerdotes infelices que han actuado contra nosotros y nos han calumniado en la prefectura. El remordimiento le hace perder la cabeza (NQT. XIX,98)”.
En enero de 1906 escribe en su Diario:
„El pobre Juan Rattaire, despedido de San Juan, escribe cartas amenazadoras para tener dinero y quiere hacer un escándalo. Pobre muchacho descarriado (NQT. XX,2)”.
Surgen dificultades con la recién creada Provincia holandesa. Anota el P. Dehon en noviembre de 1911:
„Las dificultades de Holanda me hacen sufrir mucho. También gente estupenda puede pasar por una crisis de mal espíritu (NQT, XXXIV,47-48)”.
En la casa de Lovaina había unos 28 escolásticos holandeses, pero a causa de los gastos que la Provincia había hecho, ya no estaba en condiciones de pagar la pensión para ellos. Además había otro problema : la fundación de la Provincia incluía también repartición de bienes. Los holandeses reclamaban su parte de la casa de Lovaina. Para encontrar una solución el 2 de noviembre de 1911 el P. Dehon envió una larga carta al P. van Halbeek, Provincial de Holanda. Le escribe:
„Mi querido Provincial, estamos en un momento peligroso para el honor y para el bien de la Congregación. Hagamos todo para arreglar las cosas amigablemente. Pedir a un visitador apostólico es una gran humillación y queda como una mancha en la historia de la Congregación.
En primer lugar hay que rezar y poner, de las dos partes, el espíritu de justicia y de caridad…. Ustedes no son ricos, nosotros tampoco, pero hagan ver su buena voluntad. El Consejo Central les pide solamente 200 francos de pensión por persona. ¿Dónde encontrar un seminario que se contenta con esto? Ustedes piden que la Provincia franco-belga le compre su parte de Lovaina, pero ella no la necesita, le basta con la mitad…(AD. B 74/5)”.
Este mismo día escribe otra carta al P. Kusters:
„Mi querido amigo, recurro a su buen corazón. Hay que terminar a toda costa con este problema entre las Provincias, sino lo echamos a perder todo……..El espíritu de la Congregación no es un espíritu de divisiones y de guerra. Prefiero morir antes de ver perder la paz y la caridad entre nosotros (AD. B 74/2)”.
En septiembre de 1920 el P. Dehon escribe en su Diario :
„Ejercicio de humildad: un Padre me escribió de una manera completamente irreverente e injuriosa, ¡fiat! Que Dios le perdone (NQT, XLIII,129)”. La carta mencionada falta en nuestros archivos.
El 22 de septiembre envía esta carta al P. Weber, Superior de Clairefontaine:
„Termine cada polémica y cada desavenencia con la comunidad de Luxembur: Super omnia charitas. No implique los diarios en nuestros asuntos. Usted es demasiado independiente, sale fácilmente del Codex y del Directorio. Vuelva a la verdadera vida religiosa. ¡Paz! ¡Paz!”.
A todos estos hechos podríamos agregar muchos otros, pero creo que los aquí mencionados son suficientes para afirmar que el P. Dehon fue realmente un hombre de paz y de reconciliación.

Conclusión

A lo mejor podemos concluir este pequeño trabajo con algunos textos que nos muestran el espíritu reconciliador del P. Dehon fuera de los otros textos ya citados.
El primero es del Abbé R. Prélot:
„Contando con amigos fieles entre los monárquicos, los refractarios y los republicanos, como también en las filas de los conservadores o católicos sociales, el Canónigo Dehon será según las directivas papales un artesano de la unión entre los católicos franceses.
Ha buscado en todas partes y siempre, sin renegar nada de sus convicciones, a ser un hombre de colaboración y de enlace y ha trabajado por la unidad („L´Oeuvre Social du Chanoine Dehon”, 263-265)”.
El segundo texto lo encontramos en la biografía del P. H. Dorrestijn sobre el P. Dehon:
„Inquebrantable en sus principios, fue todo lo contrario de un exclusivista que se amuralla en sus propias opiniones y trata de herejes a los que no piensan como él. Tenía muchas relaciones en ambientes muy diversos y las aprovechaba para unir a la gente, para hacer el bien. También en sus adversarios supo reconocer y apreciar sus buenos ideales y buenas intenciones; cuando no lograba ganarlos completamente a sus puntos de vista, ensayaba al menos llevarlos a una colaboración parcial. Así reconciliar y unir fue una de sus formas de apostolado („Vie et Personnalité du P. Dehon”,196-197)”.
Dice el P. Dehon que esta actitud corresponde al espíritu de las bienaventuranzas de Jesús, a las virtudes cristianas
En su libro „El Año con el Sagrado Corazón”, hay una reflexión sobre las palabras de Jesús: „Felices los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios (Mt.5,9)”. Dice:
„Dios es la paz inalterable y eterno, la paz que es la tranquilidad del orden (San Agustín). Seamos la grata imagen del Dios de la paz, que es nuestro Padre. Hagamos brillar en nuestro corazón el harmonioso reflejo de la paz, que habita en el Corazón de Jesús. El alma que reside en la paz sabe perdonar la ofensa, no dice ninguna palabra injuriosa, deja pasar una actitud que choca, se sacrifica en el silencio. Esta alma es en su familia y en su comunidad un ángel de paz, de reconciliación y de unión (OSP IV,54-55)”.
Aquí escribe su propia alma, su propio espíritu, a imagen del espíritu de Dios Padre y del Corazón de Jesús.